MI HISTORIA

«Son tus decisiones, no tus condiciones, las que determinan tu destino» –Tony Robbins

Arrodillada, con los pensamientos atormentándome, suplicando por perdón, ya no tenía escapatoria, tenía que aceptar y abrazar mis sombras, reconocer mis pecados, oraba con desesperación, no podía ponerme de pie, tenía miedo de ver  en el espejo y responderme ¿Quién realmente soy? Me levanté  y con todo el escalofriante miedo recorriendo mi cuerpo, con  valentía, me atreví a ver mi reflejo. ¿Qué fue lo que vi? Un rostro lleno de sufrimiento, las lágrimas no dejaban de caer, había creado mi propio infierno, creyendo merecer dolor, castigo, porque no podía perdonarme de todo el daño que me había causado y el daño que había permitido.

A pesar de mi rostro cansado y maltratado, vi una luz en mi mirada, aquella luz que me daba vida, a la única creencia que me aferraba, mi amor y fe en DIOS.  

Soy tu hija, CREO en ti, perdóname, me perdono…y  de pronto, todo lo demás se desvaneció, todo lo demás perdió sentido, un gigante peso se quitó de mi espalda, me arrodillé, oré y partir de ese momento, me sentí LIBRE.

Regresemos a donde todo empezó…

La infancia,

Una etapa donde lo único que deseamos es sentirnos amados, aceptados, escuchados, vistos y jugar con papá y mamá. Pero no todos somos afortunados de tener una infancia sana y feliz, podría asegurar que la mayoría tenemos el corazón roto por falta de amor y compañía.

Mi infancia, como muchos, fue muy difícil.

Sé que mi madre, a su manera, me amaba, pero no sabía demostrarlo porque jamás la habían tratado con amor. Ella era muy joven e inexperta para comprender la inmensa responsabilidad que implicaba ser madre. Hizo lo mejor que pudo, aunque eso haya significado causar mucho daño. Se paralizaba ante el dolor, la injusticia, frustración, traición, mentiras y abusos. Porque en lo más profundo de ella, CREÍA que eso era lo que merecía.

Durante mi niñez fueron mis abuelitos quienes me cuidaron con gran amor y devoción. Me enseñaron el amor incondicional y la amabilidad. A los 6 años, mamá decidió llevarme, alejándome completamente de ellos, y a esa misma edad sufrí abuso sexual. No lo conté hasta años más tarde, y cuando me atreví a hablar, nada cambió, me sentí silenciada, traicionada por las personas que más amaba y en las que tenía que “confiar” en su amor y protección.

“Las cosas de familia no se cuentan” bajo esa creencia, me mantuvieron en silencio casi toda mi vida, que lo único que alimentaba era el abuso, la vergüenza y humillación. Tengo recuerdos muy crueles de como me hicieron creer que no era suficiente, que era estúpida y merecía ser castigada.

Me golpearon la cabeza contra la puerta repitiéndome que tenía solo mierda,  tenía terror bañarme después de las calificaciones escolares porque entrarían a la ducha a golpearme desnuda hasta dejar marcas en mis piernas o ahogándome en un plato de sopa hasta vomitar porque no quería comer. Crecí con miedo, abuso, maltrato físico y psicológico.

Mamá veía todo eso, pero callaba, porque, ¿Qué haría una mujer sin educación, con 3 hijos pequeños, dependencia económica y emocional? Sólo podía callar.

Y así fue como aprendí que si te maltratan, no puedes levantar tu voz, simplemente debes continuar, y yo estaba ahogándome en emociones de resentimiento, odio, frustración, ira, y a la vez, amando a las personas que abusaban.

¿Cómo es posible amar y odiar a la misma persona? ¿Es odio realmente? ¿Es amor? ¿Es dependencia emocional? ¿Es apego?

Pero no todo era gris, lo mejor de mi primera etapa de vida, fue que me convertí en la hermana mayor de 3 pequeños, llenos de luz, y con su amor y ocurrencias, jugábamos juntos y nos amábamos sin medida. Ellos me enseñaron a amar, proteger, cuidar, a dar sin esperar nada. Tengo las memorias más maravillosas junto a ellos.

Po otro lado, también se esforzaron por darme la mejor educación posible por lo que eran muy exigentes, enseñarme el valor del esfuerzo del trabajo digno que siempre rinde sus frutos y me inculcaron mi pasión por las ventas y las palabras.

Sin embargo, a mi corta edad, no comprendía mis emociones, sólo vivía bajo la creencia que sobre todas las cosas debes aceptar y amar a tu familia.

Crecí de forma rebelde, completamente confundida, desconfiada, creyendo que todo quien se me acercaba quería aprovecharse o hacerme daño. Aún sigo tratando de salir de esas prisiones. ¿Cómo puedo confiar? ¿He perdonado? ¿Me he perdonado? ¿Aún siento rencor? …Es un trabajo constante.

Fue a los 17 cuando sufrí una gran crisis, yendo a emergencias, por lo que muchos llamarían intento de suicidio. Explicaba que no quería morir, sólo quería dormir, tomando muchas pastillas que me adormecieran lo suficiente para no sentir esa realidad. A esa misma edad, empecé con mi adicción. Fue mi primer novio, quien me enseñó a fumar, sentirte adormecida es un terrible refugio para el dolor.

Desesperada por huir, por sentir amor, cuidado y protección. Tenía muy claro que al terminar la universidad me iría lo más lejos posible de mi país, no sabía a dónde, ni qué haría, mucho menos tenía un plan. Sólo  tenía un sueño, quería recorrer el mundo.

Elegí Tailandia como mi primer destino, donde tengo recuerdos increíbles, esa sensación de libertad, cumplir sueños, aventuras, memorias. Al fin había logrado mi libertad… o era lo que eso creía.

Después tomé rumbo a Europa, elegí Alemania, el país para establecerme, buscar un trabajo, y empezar mi nueva vida.

Pero DIOS, tenía completamente otros planes para mí.

Por 3 años estuve viajando, usando toda mi creatividad e ingenio, para cumplir mi sueño, lo que me llevó a hacer voluntariados, trabajando en el campo, limpiando y la mejor parte, desarrollar mi don de marketing y ventas, ejercitando mi lado más creativo de emprendedora, vendí cursos de maestría a peruanos para España, productos de CBD, asesorías de inmigración, y así cada cierto tiempo me reinventaba, era divertido y a la vez desafiante, porque no sabía cómo me mantendría el siguiente mes, ni donde estaría. Este gran viaje me llevó a recorrer 30 países entre Asia y Europa, fue un inmenso logro para mí. Mi sueño más grande, lo había hecho realidad.

Sin embargo, lo que más valoro de esa etapa, fueron mis sólidos valores construidos; la integridad, perseverancia y resiliencia. Es gracias a esa fase desafiante, que me ha construido la mujer que hoy soy, que afronta sus miedos, que mira de frente, que ha crecido su ambición y sus ganas de aprender, ha desarrollado aún más su empatía, no se deja impresionar por lo material, es honesta y muy valiente…Me enorgullezco mucho de esa jovencita soñadora que disfrutaba su camino de transformación.  

En ese camino, conocí personas muy nobles, que estaban dispuestos a ayudarte con la alegría de verte mejor, pero también conocí la crueldad del ser humano, las burlas, hipocresía, humillaciones. Conocí el hambre, la falta de un hogar, la soledad, pero también los abrazos sinceros, una hermosa compañía, paisajes de ensueño, alegrías, solidaridad y por supuesto, el amor.

Durante el camino, mi curiosidad me llevó a preguntar a personas de éxito ¿Cómo has llegado ahí? ¿Qué es lo que más han aprendido de su camino? ¿De qué se arrepentían? ¿Qué era lo que más amaban en sus vidas?

A lo que me respondieron: JAMÁS DEBES RENDIRTE, aun cuando todo esté en tu contra, SÓLO DEBES CONTINUAR. Siendo fiel a ti y tus valores.

No hay tiempo para arrepentirse, todos cometemos errores, y si te encadenas a ellos, jamás podrás avanzar.

Y lo que me sorprendió, es que a pesar de sus grandes éxitos, lo que más disfrutaban eran las pequeñas cosas y con quienes las compartían. Recuerdo siempre una frase de uno de ellos:

“Solía no tener nada, ahora tengo un poco más que nada”… Con una gran sonrisa y el rostro iluminado, con mucha humildad y gratitud… Gracias leyenda!

En su mayoría de alguna u otra forma estaban ligados a los negocios de los bienes raíces. Así que el camino se aclaró un poco más: Iré a España, me dedicaré al negocio inmobiliario, aprenderé todo lo que respecta a él y me rodearé de las personas correctas.

Ya saben esa frase: ¿Quieres hacer reír a DIOS? …Cuéntale tus planes.

Pues tenía claro profesionalmente lo que quería hacer, y qué pasaba con lo emocional?  ¿Estaba bien? ¿Había sanado por solo cruzar fronteras?…Otra vez mi ignorancia e ingenuidad.

Toqué muchas puertas de inmobiliarias pero sólo una de ellas me abrió. Y fue así como también conocí, al que  más tarde llamaría mi esposo. Me convertí en la mejor agente, trabajábamos juntos, estaba completamente comprometida con él y su visión del negocio. Cada semana tenía una nueva idea de como ayudarlo a crecer e ir juntos al siguiente nivel. Al inicio, parecía el cuento de hadas haciéndose realidad, sentía que me quería, protegía y enseñaba el camino que tanto anhelada aprender. Hasta que me di un fuerte golpe de realidad.

Falleció mi madre, de lo que todo parecía estar cogiendo forma y cumplir mi sueño de reunir pronto a mi familia, todo se volvió a derrumbar. Fue cuando más sola, desorientada y perdida me sentí. Y así pude ver LA VERDAD.

No conocemos a las personas por lo que dicen sino por SUS ACCIONES. Por favor, siempre recuerda esto.

Y cuando más necesité el amor y acompañamiento de la única persona que tenía al lado, fue cuando recibí uno de sus tantos crueles puñales.

“Estás sola, no tienes a nadie, ni tu familia te quiere”

¿Quién era ese hombre con quién compartía mi vida? ¿Quién es esa persona que ahora me miraba con desprecio y actuaba con crueldad?

¿Cómo estaba yo ahí? ¿Cómo había terminado así? ¿Cómo podía sentir cariño por alguien que me maltrataba?

Volvemos a la infancia…

No importa lo lejos que vayas, los años que pasen, ni las personas que conozcas. Si no sanamos esas heridas, simplemente repetiremos los mismos patrones, diferentes personajes, mismas heridas. Justo en ese punto, de mayor sufrimiento y dolor, me obligué a mirar hacia dentro y DECIDIR SANAR.

Había ocultado ese dolor y vacíos, con viajes, logros y obligándome a no mirar hacia dentro, porque tenía miedo y sabía que dolería, ya no quería sufrir más. Pero era la única manera de ser realmente libre, mirando de frente mi dolor y mis sombras.

¿Quién realmente eres? ¿Cuáles son tus creencias? ¿ Por qué eliges a las personas que sabes que te traicionarán y causarán daño? ¿Por qué crees que mereces sufrir? ¿Por qué sigues atada a tu pasado? ¿Sigues guardando resentimiento? ¿Sientes dolor? ¿Sientes odio? ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿No estás cansada de seguir cargando esa cruz? ¿Sientes vergüenza? ¿Sientes culpa?

Creo que pasar por los momentos más difíciles me han hecho apreciar aún más la belleza de vivir.

“Sólo un hombre que ha sentido la máxima desesperación es capaz de sentir la máxima felicidad. Es necesario haber deseado morir para saber lo bueno que es vivir” – Alejandro Dumas, “El conde de Montecristo”.

Así que esta vez, ELEGÍ vivir de una forma diferente, abrazando cada una de mis partes, aceptando mis errores, observando mis patrones, mirando las sombras, eligiendo con cuidado mis pensamientos, cautelosa con mis acciones, comprendiendo mis emociones, siendo compasiva y amorosa conmigo misma y los demás.

Sí, fue una infancia difícil, donde se plantaron dañinas creencias, viendo modelos tóxicos a los que has seguido a lo largo de tu camino, sólo porque se siente como el hogar, algo conocido.

Ahora como adulta, eres la única responsable de cada decisión que tomes, y enfocarte en lo único que puedes tener control: tus pensamientos y acciones. Ahora, puedes crear tu propia realidad en base a tus nuevas creencias y valores. Siendo fiel a ti misma y tus principios, que con mucho esfuerzo te ha costado construir.

Tienes todo el derecho de aceptar o apartar a las personas que no deseas en tu vida, que no hay títulos si se trata de abuso y maltrato. Que sólo tú conoces los límites, y está en ti respetarlos y dejarlos claros. No hay tiempo para arrepentimientos y mucho menos para seguir atada al pasado.

Ahora es TU RESPONSABILIDAD, CREAR LA VIDA QUE SUEÑAS.

Y así, hice una purga vital, alejándome de las personas que no se alineaban con mis valores, sin importar si se trataba de familia, amigos o pareja.

Sé exactamente lo que quiero y lo que no toleraré. Conozco bien mis patrones, sombras y antes de lanzarme a abismos, ahora retrocedo, me escucho y tomo otro camino.

“Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”-Juan 8,7

No tengo derecho a juzgar a los demás, no conozco sus historias, experiencias ni las circunstancias por las que cometieron sus errores. No justifico las malas acciones, sólo me enfoco en lo único que tengo control, mis pensamientos y mis actos.

SÓLO DEBES CONTINUAR, nada es permanente, todo pasará. Hay que vivir intensamente, para cuando haya llegado el momento de partir, hayamos explorado todo lo que significa SER HUMANO, SER AUTÉNTICO, REAL, contigo y los demás. Explotando tu máximo potencial. No hay tiempo para arrepentimientos, máscaras y mentiras.

Me he mantenido en el papel de víctima, la mayor parte de mi vida. Ahora, después de mucho trabajo interior; aceptación, perdón y compasión miro estas heridas como herramientas de resiliencia, valentía y amor. Si he podido perdonarme, perdonar, atreverme a ver todas mis inseguridades y miedos, a expresar mis sentimientos y abrirme a sanar, dejando de lado el victimismo y tomando las riendas de mi vida. ¿De qué no soy capaz? ¿Qué más grande prueba de amor hacia mí misma y los demás?

Aprendí a recibir cada experiencia como una semilla de crecimiento.

Y cuando caigo en sentimientos de culpa, vergüenza, venganza, juzgamiento. Me detengo, reflexiono y recuerdo que todos estamos aquí haciendo lo mejor que podemos, que cada uno lleva una mochila llena de historias y experiencias que nos hacen actuar como lo hacemos. Así, permitiéndome ser vulnerable, y recordando que nadie es perfecto. Trato de mantenerme en la esencia del amor, la amabilidad y la compasión.

Me gusta vivir una vida digna gracias a mis valores, trabajo y esfuerzo. Compartiendo con los demás, porque creo en el poder maravilloso que habita en cada persona, y estar siempre al servicio, he convertido mi vida sencilla en una extraordinaria.

Si DIOS  lo permite, tendremos un largo camino que jamás dejaremos de aprender. Que el autoconocimiento es un superpoder, como la fidelidad a ti mismo y tus valores. Quién eres realmente es el reflejo que miras al espejo cuando nadie te ve, las acciones que nadie aplaude, y lo que te dices cuando todo lo demás está en silencio.

Estoy viviendo una de las etapas más hermosas y placenteras de mi vida, gracias a éstos  aprendizajes. Que espero, quien lo lea, te llene de esperanza y amor. Y decirte que no estás solo o sola, que muchos nos sentimos así a pesar de estar acompañados, pero es parte de tu crecimiento, es parte de la vida, abraza tu soledad, tus defectos, virtudes, a las personas que amas y suelta el control atreviéndote a vivir una vida plena y feliz.

La puerta al amor y la abundancia, es LA GRATITUD. Agradezcamos por la oportunidad de estar HOY aquí, nuestra salud, hogar, alimentos, las personas que nos acompañan en nuestro camino, nuestros grandes maestros, los desafíos y todo lo que nos convierte en mejores seres humanos.

“Un mal día para el ego, es un gran día para el alma” – Robin Sharma.

Mi intención es crear un camino de esperanza para la transformación.

Que a pesar de las vivencias difíciles que hayas tenido, mientras HOY puedas despertar, tienes la OPORTUNIDAD  de transformar tu vida.

El objetivo no es perjudicar a nadie, ni juzgar, es levantar mi voz con LA VERDAD, y a su vez, mostrar el camino del perdón, compasión a uno mismo y los demás.

Ser lo más auténtica posible, con mis defectos, errores, virtudes y vulnerabilidad.

Compartiendo mi mayor lección, y es el camino de regreso AL AMOR, este sentimiento tan puro e infinito que me ayuda a sanarme y sanar a los demás. Recuerda que amar es una DECISIÓN. Elige amarte, respetarte y cuidarte. Que tu pasado no te define, que todos cometemos errores, que dejes de lado la culpa, la vergüenza, el rencor y te abras al amor, en tu propio tiempo y espacio.

Que mereces ser feliz, amado y valorado. Que solo nosotros sabemos nuestros miedos, historia y camino. Por lo tanto, hay que tratar a los demás como nos gustarían que nos traten, con amabilidad, compasión y respeto.

Espero que mi historia te inspire a volver a empezar, a crear tu nueva realidad, a perdonarte, a mirar hacia dentro, a comprender tus emociones y aliviar el dolor que todos llevamos dentro.

“Lo que se resiste persiste. Lo que se abraza nos transforma”- Mario Alonso Puig.

Gracias, DIOS TE BENDIGA!

Dedicado a mi madre, que nos has dado la más grande lección de lo efímera que es la vida y no podemos partir en silencio. A todos a quienes nos obligaron a callar, por los que aún tienen miedo de levantar su voz y a la pequeña Claudia, por tu valentía.

«Tú eres una guerrera hija, tienes una gran fuerza; pero lo más hermoso de ti, es tu noble corazón» – Mamá

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